Tango del cobarde


Te gustaba el silencio que muerde despacio,

esa forma de estar que no llega jamás.

Yo soñaba un compás, vos no dabas un paso,

enemigo del esfuerzo, ni un beso de más.


Tus ojos marrones decían no quiero,

tu boca, tus manos se arrastraban igual.

Esperé y esperé hasta que se puso fulero;

y parece que fui yo, pero trajiste vos el final.


En aquel patio, sin luna ni farol, 

te rogué “vení conmigo” con voz de terciopelo,

y salió el ultimo “no” de entre tus labios sin recelo

Fui a bailar sin tu cuerpo, aún recuerdo ese umbral,

las baldosas del patio, tu sombra espectral…


Y me fui bien quebrada, con drama y escena,

encendiendo un infierno que no puedas cruzar.

Verte bailar hoy es mi condena,

todos los tangos que no quisiste bailar.


Hoy me dicen que andás repitiendo mi risa,

taconeando las tandas, mi vida viviendo; 

humean tus zapatos en el fuego que encendí

y aunque saberte tanguero es algo tremendo,

me duele decirlo: me aprendiste sin mí.

 

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