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Dragones

    Si me forzara a mí misma a sacarlo de mí misma, lo escribiría. Que es oscuro como el vino y luminoso como la luna en su pecho y sus promesas insólitas, oscuro como eso que me dice en la oscuridad y oscurece mis ojos negros, y blanco como mi risa escapista que se escabulló entre destellos por los vidrios entrecerrados del auto.  Entre sus ojos hambrientos y los míos, un hilo del mismo rojo que fantaseo su lengua nos une.  Escribiría que es liviano como un suspiro y denso como un océano nocturno azotando una escollera en el espíritu de unas bocas que apenas llegan a rozarse.  Un cóctel flameado, que duele como el agua e incendia.  Es antes y es después, el precipicio en que flotaba y aquél en cuya mirada me perdí. Me gustaría estar más cerca de vos en todos los sentidos , dice desde el hueco desnudo de mi espalda. Colgado de uno de sus pendientes, lleva mi deseo a todos lados sin darse cuenta, y con su silencio me castiga las muñecas, me casti...

Tango del cobarde

Te gustaba el silencio que muerde despacio, esa forma de estar que no llega jamás. Yo soñaba un compás, vos no dabas un paso, enemigo del esfuerzo, ni un beso de más. Tus ojos marrones decían no quiero, tu boca, tus manos se arrastraban igual. Esperé y esperé hasta que se puso fulero; y parece que fui yo, pero trajiste vos el final. En aquel patio, sin luna ni farol,  te rogué “vení conmigo” con voz de terciopelo, y salió el ultimo “no” de entre tus labios sin recelo Fui a bailar sin tu cuerpo, aún recuerdo ese umbral, las baldosas del patio, tu sombra espectral… Y me fui bien quebrada, con drama y escena, encendiendo un infierno que no puedas cruzar. Verte bailar hoy es mi condena, todos los tangos que no quisiste bailar. Hoy me dicen que andás repitiendo mi risa, taconeando las tandas, mi vida viviendo;  humean tus zapatos en el fuego que encendí y aunque saberte tanguero es algo tremendo, me duele decirlo: me aprendiste sin mí.