Mientras sus manos son dos arañas cuyas patas me recuerdan sus pestañas, las grietas de su piel son las del mundo y han cavado aún más profundo. Con su mirada loca y fugaz, de la huida perfecta es capaz porque ni el sol ni la luna, ni luz alguna la quiere señalar de lejos, y en la noche, se le escapan los espejos. Le quedó uno, el más fiel: los ojos de aquél que le dijo: "Al abrir tu boca y decir una rareza tus palabras son tibieza; Café, susurro, caricia y manta. Amiga, tu dulzura es tanta que a los tontos los espanta".
Que en las palmas me tiene andando o escondiéndome en el bolsillo como una pieza de contrabando, un diminuto grillo; que gracias por cambiarme de mano pero que no quiero recorrerlas más mientras siga deteniéndose en vano para sonreír a los demás. Y que en las líneas de sus palmas, sembraré semillas que se hagan ramas, ascenderé por ellas a su boca y allí esperaré a que me diga que se equivoca, que en lugar de tenerme como a un tesoro quiere adorarme como yo lo adoro.
Atardecer azul que no abandona Fernando ya no te ve como solía, pues a plena luz del día te ocultás tras el nuevo horizonte. Aunque estando enfrente no te reconocía, quizás todavía le quedan tardes azules de balcón que entre tanto paredón color gris que veía le llamaba amaba su atención.