¿Cómo hago para quedarme Y fundirme en su rostro como su primer arruga la primer cana de las cejas inadvertida y sustancial hasta que el aroma silencioso de abuela la cubra como al fuego y la apague?
Mientras sus manos son dos arañas cuyas patas me recuerdan sus pestañas, las grietas de su piel son las del mundo y han cavado aún más profundo. Con su mirada loca y fugaz, de la huida perfecta es capaz porque ni el sol ni la luna, ni luz alguna la quiere señalar de lejos, y en la noche, se le escapan los espejos. Le quedó uno, el más fiel: los ojos de aquél que le dijo: "Al abrir tu boca y decir una rareza tus palabras son tibieza; Café, susurro, caricia y manta. Amiga, tu dulzura es tanta que a los tontos los espanta".
Que en las palmas me tiene andando o escondiéndome en el bolsillo como una pieza de contrabando, un diminuto grillo; que gracias por cambiarme de mano pero que no quiero recorrerlas más mientras siga deteniéndose en vano para sonreír a los demás. Y que en las líneas de sus palmas, sembraré semillas que se hagan ramas, ascenderé por ellas a su boca y allí esperaré a que me diga que se equivoca, que en lugar de tenerme como a un tesoro quiere adorarme como yo lo adoro.