Siendo salvaje y manso caballo se piensa caballero su corazón galopante, sincero late todo lo que sin él no hallo. Las aguas de Tigre contienen sus ojos sonrientes, de tierra que ponen un manto sobre la guerra protegiendo todo lo que a su lado peligre. Reflejando su fuerza y la de su voluntad pletórico de vida es su movimiento y, cuidadoso de cada pensamiento, da y clama todo con tierna seriedad.
Mientras sus manos son dos arañas cuyas patas me recuerdan sus pestañas, las grietas de su piel son las del mundo y han cavado aún más profundo. Con su mirada loca y fugaz, de la huida perfecta es capaz porque ni el sol ni la luna, ni luz alguna la quiere señalar de lejos, y en la noche, se le escapan los espejos. Le quedó uno, el más fiel: los ojos de aquél que le dijo: "Al abrir tu boca y decir una rareza tus palabras son tibieza; Café, susurro, caricia y manta. Amiga, tu dulzura es tanta que a los tontos los espanta".
Es un libro casi nunca cuando es abierto y leído a veces, y las líneas de sus manos, los pensamientos, las intenciones. Es un libro casi nunca con polvo en el estante de lejos hojeando algo moderno que entibia su falda. Como un corazón se quiebran las hojas otoñales si se las dobla por la mitad, y en esa época de hojas muertas, él es un libro casi nunca.